Miente, miente, que algo queda
Por Nahuel Coca
Olvidándose súbitamente de los principios básicos del
profesionalismo periodístico, medios británicos echaron a rodar el rumor de que
el gobierno libio, por órdenes de su guía político Muamar Gadafi, había
ordenado bombardear a los civiles que se manifestaban en las calles de Trípoli
y Benghazi, el pasado 20 de febrero. Cientos de medios de todo el mundo
avalaron el rumor al tomarlo como noticia y llevarlo a la primera plana de sus
ediciones del 21 y 22 de febrero. Al rastrear el rumor hasta su origen se puede
entender una práctica de desinformación masiva destinada a justificar una intervención
militar de la OTAN, tal vez con intenciones de separar Libia, uno de los más
ricos en petróleo del mundo.
En las últimas semanas, los ciudadanos de todo el
mundo que quisieron informarse sobre la situación en Libia fueron víctimas de
una campaña de desinformación, centrada en el supuesto de que Muhamar Gadafi
había ordenado bombardear con aviones a los manifestantes opositores en
Benghazi y Trípoli durante las jornadas del 20 y 21 de febrero.
Los diarios La Vanguardia, El Mundo, El País y Público
(de España); El Universal (de Venezuela); El País de Uruguay y Clarín de
Argentina fueron sólo algunos de los medios gráficos que difundieron la falsa
noticia. En el caso de Clarín, la “noticia” fue título de tapa del día 22 de
febrero.
El diario El País de Uruguay llegó al ridículo de publicar
que la cantidad de muertos ascendía a 10 mil y la de heridos a 50 mil, citando
a El País de Madrid, AP, AFP y ANSA, que
no acreditaban esa cifra.
Por su parte, el
diario argentino La Nación fue uno de los pocos que no dio crédito al rumor de
los bombardeos, tal como puede leerse en la nota
publicada el día 21. Tampoco cayó en el equívoco la agencia rusa de noticias
Ria Novosti, que en ningún momento dio crédito a los rumores de bombardeos.
Éstos rumores
nacieron del testimonio de un manifestante a la cadena de noticias anglo-árabe Al Jazeera. Adel Mohamed Saleh habría dicho a las
cámaras de esa cadena: “lo que estamos presenciando es inimaginable. Aviones de
guerra y helicópteros bombardean indiscriminadamente un área tras otra. Hay
muchos, muchos muertos.”
Sin embargo,
ninguna de las imágenes del informe mostraba los bombardeos o siquiera los
supuestos daños causados por estos. Y el testimonio de Saleh tampoco está
disponible en You Tube u otros sitios de video en Internet.
Al Jazeera trató
de confirmar esta versión con el testimonio de Ali al-Essawi, embajador libio
en la India, quien manifestó que la represión era “una masacre”. Según Al
Jazeera al-Essawi habría confirmado la existencia de bombardeos sobre civiles,
aunque no lo sostuvo con declaraciones textuales del ex embajador. Hasta el
momento no se conocen palabras textuales de al-Essawi refiriéndose a bombardeos
sobre civiles en las jornadas del 20 y 21 de febrero.
Al Jazeera también
citó al embajador libio en las Naciones Unidas, Ibrahim Dabbashi, quien
calificó la represión como un acto de "genocidio". Pero Dabbaschi no
se refirió puntualmente a los bombardeos, sino que dijo que durante esas
jornadas habían actuado francotiradores en las calles de Benzhani y Trípoli.
La cadena de TV
pública británica BBC sacó al aire el día 21 a un supuesto testigo que
no dio su nombre ni permitió que se viera su rostro. Este supuesto testigo
aseguró que los opositores a Gadafi estaban siendo bombardeados y asesinados a
mansalva. Las imágenes que acompañaban el audio del hombre llorando eran de un
teléfono celular, de un minuto de duración y mostraba una manifestación de
civiles armados protestando. Las imágenes eran repetidas en loop para ilustrar
el testimonio del testigo sin nombre. Eso le alcanzaba a la presentadora para
dar la noticia de que había bombardeos sobre civiles.
Por su parte, la
agencia británica Reuters en un cable del mismo día sin firma ni ciudad de
origen, trasmitió el testimonio de un miembro de la tribu Ashraf que dijo:
“Esto es peor de lo que pueden imaginar, algo que ningún humano puede concebir.
Nos están bombardeando con aviones, nos matan con tanques”. Dicho testimonio no
fue corroborado por Reuters ni ese día
ni el siguiente.
El 22 de febrero,
media docena de diplomáticos libios pidió asilo a la comunidad internacional y
denunciaron a Gadafi por la represión de los manifestantes. Ali Aujali, ex
embajador libio en los Estados Unidos, exigió la partida de Gadafi al exilio,
en declaraciones a la agencia de noticias Associated Press. En esa misma oportunidad,
al-Essawi también pidió la intervención militar de las Naciones Unidas. Otros
ex diplomáticos libios como el embajador de Bangladesh, A. H. Elimam, y la
comisión diplomática para las Naciones Unidas en pleno, pidieron la dimisión
del “tirano” Muhamar Gadafi.
Sus declaraciones
estaban en sintonía con las de la Secretaria de Estado yanqui Hillary Clinton,
quien ese mismo día había dicho que “esta violencia es inaceptable”, como si
hablara en representación de un gobierno pacifista y flower-power, y no de un
Estado que 25 años atrás bombardeó la residencia de Gadafi asesinando a una de
sus hijas, entre las 60 víctimas libias.
La
represión existe
No cabe duda de
que el líder libio lanzó una dura represión sobre militares, policías y
comandos civiles rebeldes que el 15 de febrero se alzaron en armas contra el
gobierno libio. Una gran masa de manifestantes civiles, muchos de ellos jóvenes
sin ningún tipo de experiencia militar o militancia política, se vio arrastrada
a poner el cuerpo. Libia es un país construido a partir de una alianza de
tribus y clanes y tampoco cabe duda que el levantamiento se debe al descontento
que ha generado en amplias capas de su población un gobierno de más de 40 años
ininterrumpidos y no al efecto narcótico del café instantáneo sobre los
jóvenes, como dijo Gadafi.
Esa cruenta
represión fue acreditada en distintos momentos por cientos de testigos y
víctimas, la prensa internacional y la comunidad diplomática. Sin embargo, la
represión no cayó solamente sobre civiles, sino principalmente sobre militares
y policías insurrectos que se alzaron en armas, en lo que al parecer intentó
ser un golpe de estado. Los esquemas de poder arcaicos dejaron en claro que las
tribus del oeste (como la de Gadafi) cuentan con mayores recursos para
combatir, especialmente porque la Fuerza Aérea Libia se concentra en Trípoli.
En los primeros
días rondaba otro rumor: que bandas de mercenarios extranjeros rondaban las
calles de varias ciudades y se asentaban en los techos para disparar a
voluntad, elevando la cifra de muertos y heridos a cifras dramáticas. No hay,
por el momento, fotos o videos de estas supuestas masacres, denunciadas
recurrentemente a corresponsables de agencias y cadenas como CNN y BBC por
opositores a Gadafi con buena estrella en los centros de poder.
Pero esto no es lo
mismo que un bombardeo. Hasta el momento no se hizo pública ni una sola prueba
de estos bombardeos en Trípoli y Benzhari durante los días 20 y 21 de febrero.
En You Tube y otros portales de videos pueden encontrarse videos que
supuestamente los muestran, pero nuevamente son malas imágenes en loop de
helicópteros sobrevolando un cielo que no puede atribuirse a ninguna ciudad en
particular.
En todo caso, la
supuesta “inconexión” de los periodistas internacionales es el argumento
favorito para justificar la falta de precisión en la información comunicada,
como si los profesionales de las agencias de todo el mundo no contaran con
conexiones satelitales propias. Un reportero gráfico hoy puede transmitir via
satélite sus fotos digitales al servidor de su medio desde cualquier parte del
mundo y en tiempo real, gracias a equipos de transmisión automáticos que suelen
llevar dentro de mochilas. Ni que hiciera falta revelar rollos de celuloide.
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| Silvio Berlusconi, entonces amigo de Gadafi, se debate entre los bombardeos y las orgías. |
La desinformación
–que no llega sólo del frente del conflicto- puede verse en las cifras de
víctimas, claro ejemplo de esta nube de datos confusos: el día 23 de febrero,
el diario online español 20 Minutos dio una cifra de 800 muertos citando como fuente
a la ONU, mientras el gobierno libio comunicaba una cifra cercana a los 300
muertos, 189 civiles y 111 miembros de fuerzas de seguridad o militares.
El
24 de febrero, Reuters comunicaba declaraciones de Francois Zimeray, embajador
francés plenipotenciario para Derechos Humanos. “La cuestión no es si Gadafi
caerá, sino cuándo y a qué costo humano. Por ahora, las informaciones que
tenemos dicen que más de mil (personas) murieron, posiblemente dos mil, de
acuerdo a nuestras fuentes.”
El
cable, de un párrafo, fue levantado textualmente por medios de todo el mundo
sin que la mayoría de los editores le avisara a los lectores que un margen de
error del 100% es, al hablar de vidas humanas, demasiado alto como para
asignarle validez inmediata sin un correcto chequeo de fuentes.
Al
día siguiente, el primer ministro francés Nicolas Sarkozy dijo que la represión en Libia
era inadmisible y que Gadafi debía abandonar el país. Junto a él se encontraba
el primer ministro turco, Abdulá Gul.
El 9 de marzo Francia fue el primer país en reconocer como
gobierno legítimo al Consejo Nacional de Transición, instalado por los
opositores en Benghazi, al mismo tiempo que los militares rebeldes perdían los
puertos del este. Los cronistas de distintas agencias en el terreno reconocían
de forma unánime que las capacidades de combate de los rebeldes eran mínimas e
improvisadas, sin estrategia o apoyo militar.
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| Sarkozy ordenó bombardear Libia el mismo día que el hijo de Gadafi amenazó con mostrar pruebas de que su gobierno había financiado la campaña del actual presidente galo. |
Para esa fecha, el
CNT contaba un total de víctimas de 400, aunque las cadenas de noticias seguían
dando cifras infundadas que se elevaban a los varios miles de víctimas.
En una de sus
Reflexiones publicada ese mismo día, Fidel Castro alertó de que “todas las cifras y versiones, hasta las más
inverosímiles, han sido divulgadas por el imperio a través de los medios
masivos, sembrando el caos y la desinformación.” Para el líder de la revolución
cubana, esta maniobra desinformativa, esta "danza macabra del cinismo"
prepara el terreno para una intervención militar de los Estados Unidos.
El
vuelo de los arrepentidos
Reuters insistió
desde el 20 de febrero con la noticia falsa de los bombardeos. Por la mañana
del 23, un cable de esa agencia británica decía que un
avión de la fuerza aérea libia se había estrellado al este de Benghazi luego de
que sus dos pilotos se eyectaran y salvaran su vida. Esta vez constaba la
ciudad de origen de la información, la fuente (el diario Quryna) y la
firma del reportero, el redactor y el editor. Ese mismo día pero más tarde
Reuters también informó que dos días antes, el 21 de febrero, otros dos pilotos
libios habían desobedecido órdenes de bombardear civiles y siguieron rumbo a la
isla de Malta, donde se presentaron como coroneles de la Fuerza Aérea Libia y
pidieron asilo político.
Esta
información fue también dada por la agencia francesa AFP, aunque nunca se informó
la identidad de estos oficiales, ni se los entrevistó o fotografió. El diario inglés
The Telegraph ilustró la noticia con dos imágenes de archivo de aviones de
ese modelo.
Las
bombas que no explotan
Kim Sengupta,
corresponsal del diario británico The Independent, publicaba el 9 de marzo en Página/12: “El uso de
aviones de guerra por el régimen se ha convertido en una tema altamente
emotivo, pero contrariamente a lo que afirman algunos en el movimiento de
protesta, hay poca evidencia que demuestre que los civiles son deliberadamente
un objetivo. Todos los ataques con bombas y misiles –con la excepción de uno
cerca de los departamentos en Ras Lanuf– fueron apuntados a lugares alejados de
grandes reuniones”.
Desde que se
anunciaron los falsos bombardeos civiles que no fueron probados con ningún tipo
de evidencia visual, se sucedieron, sí, varios bombardeos tácticos que, a
diferencia de aquellos, fueron
fotografiados y filmados por los cronistas. La cifra casi mínima de víctimas en
estos casos es reconocida por las agencias de forma unánime.
Resultó llamativo
que en las bombas no explotaran o que lo hicieran después de una pasada rasante
del avión para darle tiempo a las personas presentes a alejarse. En casi todos
los casos los blancos fueron arsenales -depósitos de armas y municiones- o
instalaciones petroquímicas, y el objetivo obvio que no cayeran en manos de los
insurrectos. “Las tácticas usadas por el régimen no quedan claras. Si el poder
aéreo es usado puramente como un arma psicológica entonces está haciendo efecto
–los pone muy nerviosos a los rebeldes”, dice Sengupta en la crónica citada.
La cabeza del secretario
En Inglaterra, el
chivo expiatorio de la crisis libia es William Hague, secretario de asuntos
exteriores. El 21 de febrero Hague manifestó públicamente que Gadafi estaba en
Venezuela. “Sobre si Gadafi está en Venezuela, no tengo información que diga
que está, aunque vi alguna información que sugiere que está viajando a
Venezuela”. Rápidamente tuvo que retractarse de sus ambiguas palabras, al ser
refutado tanto por los cancilleres libio y venezolano como por el propio
Gadafi, quien hizo una breve aparición en la TV estatal libia.
Sin embargo, la
noticia que más ruido causó en las islas británicas fue otra. El 6 de marzo la BBC dio una noticia que lastimó el orgullo
belicista de buena parte de la población: Un grupo de seis comandos de las
fuerzas especiales SAS y dos espías de MI6 fue arrestado por las fuerzas
rebeldes libias en plena misión incursión tras las líneas enemigas. El
corresponsal Jon Leyne narró en su crónica de ese día que varios testigos
vieron a los británicos descender de un helicóptero en las cercanías de
Benghazi el viernes 4 de marzo por la noche. Vestían overoles negros y llevaban
armas. Los dueños de la granja donde aterrizaron les apuntaron rápidamente, y
en pocos minutos se encontraban rodeados por fuerzas rebeldes. Uno de los
miembros del equipo inglés explicó a un vocero rebelde que eran embajadores del
Reino Unido que buscaban aliarse a ellos. Esa explicación fue filmada y luego
difundida por la TV pública libia para el bochorno de los ingleses, tan adeptos
al secretismo y la discreción.
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| El ex primer ministro inglés, Gordon Brown, con Gadafi. |
Luego se supo que
al ser revisados por los rebeldes, se les encontraron armas, explosivos,
municiones, mapas y pasaportes de al menos cuatro países. El Ministerio de
Defensa inglés dijo en un comunicado que “no confirma ni niega la historia y no
hace comentarios respecto a las fuerzas especiales”.
El fiasco ha
repercutido en todos los estratos de la política británica al dejar claro que
hay intereses espurios del Reino Unido tras las revueltas en Libia. El poder
ejecutivo de Downing Street, los diplomáticos del Foreign Office y los
militares se echan el muerto unos a otros, con tal de no asumir responsabilidad
de un hecho que, todos coinciden, nunca debió hacerse público.
Y es que hasta un niño inglés sabe que James Bond no sale en la tapa de los
diarios cuando algo le sale mal.
El primer ministro
David Cameron ratificó a Hague en su cargo y lo defendió de los pedidos de
renuncia de los laboristas, al decir que ellos no tenían derecho a hablar luego
de haber mantenido buenas relaciones con el régimen y haber liberado a un libio
acusado del atentado de Lockerbie de 1986. No faltó la prensa adicta que defendiera a
Cameron y su administración, al decir que la culpa fue de los rebeldes libios,
que se perdieron una buena oportunidad de ser invadidos por una fuerza aliada.
Siesta
en Trípoli
Según informó la
Agencia Venezolana de Noticias AVN, una misión técnica de la UE, enviada
especialmente por la jefa de la diplomacia europea Catherine Ashton, no pudo
corroborar la existencia de combates ni signos de bombardeos en la capital.
El 7 de marzo
pasado Agostino Miozzo, mano derecha de Ashton, hizo
declaraciones a la agencia EUOBSERVER desde la embajada italiana en
Trípoli: “La situación es relativamente calma, tranquila. No hay tiroteos
durante la noche. El tráfico es calmo y hay gente en las calles. El único signo
de crisis se puede ver en el aeropuerto, donde están varados entre 2 y 3 mil
africanos que buscan regresar a sus países”.
Según comunicaron
a la prensa los emisarios de la Unión Europea, la visita transcurrió sin
incidentes ni amenazas por parte del gobierno libio. La Agencia Venezolana de
Noticias y la agencia argentina Télam fueron algunas de las
pocas que comunicaron estos despachos, obviados por muchos multimedios y
periódicos alineados con Washington.
Maurizio
Matteuzzi, de la agencia Voltaire, también describió la situación en Trípoli
como tranquila. Lo mismo que dijera el 24 de febrero el corresponsal de
TeleSur, Jordán Rodríguez, luego de hacer una
cobertura especial mostrando que la ciudad no había sido bombardeada. "Ayer dimos varias vueltas por la plaza
Verde, zona comercial y no hay rastros de ningún bombardeo, no hay imágenes que
registren nada de lo que algunos medios internacionales informaron. No hay ni
un ápice, ni una muestra que diga que hubo bombardeo por lo menos en la ciudad
de Trípoli, donde se encuentraba el equipo de teleSUR.
Rodríguez manifestó, el 2 de marzo, que la
cobertura de los grandes medios “ha sido miserable”. “Dicen que la gente de
Gaddafi limpió los restos, pero los bombardeos destruyen edificios, ventanas.
¿Dónde están esas imágenes?", se pregunta el enviado especial de TeleSur.
Para finalizar su
impresión sobre la situación libia, Rodríguez deja en claro que de ambos lados
del conflicto saben cuál es el riesgo mayor, y es el mismo que queda en
evidencia al analizar la desinformación amplificada por los medios imperiales:
“Hay una gran división entre la población (…) pero todos coinciden en que no
quieren que su país se divida, ni que los invada Estados Unidos”.



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