domingo 27 de marzo de 2011

Gadafi no bombardeó a los manifestantes el pasado 20 de febrero

Después de algunos intentos infructuosos de publicar este artículo en medios gráficos nacionales, decido publicarla en mi blog, esperando que mi trabajo pueda servir para desentrañar las mentiras de los grandes grupos mediáticos globales, que desde hace mucho tiempo no hacen otra cosa que allanar el camino de los tanques. La nota fue redactada hace dos semanas, antes de que empezara la operación separatista de la OTAN. NC

Miente, miente, que algo queda
Por Nahuel  Coca

Olvidándose súbitamente de los principios básicos del profesionalismo periodístico, medios británicos echaron a rodar el rumor de que el gobierno libio, por órdenes de su guía político Muamar Gadafi, había ordenado bombardear a los civiles que se manifestaban en las calles de Trípoli y Benghazi, el pasado 20 de febrero. Cientos de medios de todo el mundo avalaron el rumor al tomarlo como noticia y llevarlo a la primera plana de sus ediciones del 21 y 22 de febrero. Al rastrear el rumor hasta su origen se puede entender una práctica de desinformación masiva destinada a justificar una intervención militar de la OTAN, tal vez con intenciones de separar Libia, uno de los más ricos en petróleo del mundo.

En las últimas semanas, los ciudadanos de todo el mundo que quisieron informarse sobre la situación en Libia fueron víctimas de una campaña de desinformación, centrada en el supuesto de que Muhamar Gadafi había ordenado bombardear con aviones a los manifestantes opositores en Benghazi y Trípoli durante las jornadas del 20 y 21 de febrero.
Los diarios La Vanguardia, El Mundo, El País y Público (de España); El Universal (de Venezuela); El País de Uruguay y Clarín de Argentina fueron sólo algunos de los medios gráficos que difundieron la falsa noticia. En el caso de Clarín, la “noticia” fue título de tapa del día 22 de febrero.
El diario El País de Uruguay llegó al ridículo de publicar que la cantidad de muertos ascendía a 10 mil y la de heridos a 50 mil, citando a  El País de Madrid, AP, AFP y ANSA, que no acreditaban esa cifra.
Por su parte, el diario argentino La Nación fue uno de los pocos que no dio crédito al rumor de los bombardeos, tal como puede leerse en la nota publicada el día 21. Tampoco cayó en el equívoco la agencia rusa de noticias Ria Novosti, que en ningún momento dio crédito a los rumores de bombardeos.

Éstos rumores nacieron del testimonio de un manifestante a la cadena de noticias anglo-árabe Al Jazeera. Adel Mohamed Saleh habría dicho a las cámaras de esa cadena: “lo que estamos presenciando es inimaginable. Aviones de guerra y helicópteros bombardean indiscriminadamente un área tras otra. Hay muchos, muchos muertos.”

Sin embargo, ninguna de las imágenes del informe mostraba los bombardeos o siquiera los supuestos daños causados por estos. Y el testimonio de Saleh tampoco está disponible en You Tube u otros sitios de video en Internet.

Al Jazeera trató de confirmar esta versión con el testimonio de Ali al-Essawi, embajador libio en la India, quien manifestó que la represión era “una masacre”. Según Al Jazeera al-Essawi habría confirmado la existencia de bombardeos sobre civiles, aunque no lo sostuvo con declaraciones textuales del ex embajador. Hasta el momento no se conocen palabras textuales de al-Essawi refiriéndose a bombardeos sobre civiles en las jornadas del 20 y 21 de febrero.

Al Jazeera también citó al embajador libio en las Naciones Unidas, Ibrahim Dabbashi, quien calificó la represión como un acto de "genocidio". Pero Dabbaschi no se refirió puntualmente a los bombardeos, sino que dijo que durante esas jornadas habían actuado francotiradores en las calles de Benzhani y Trípoli.

La cadena de TV pública británica BBC sacó al aire el día 21 a un supuesto testigo que no dio su nombre ni permitió que se viera su rostro. Este supuesto testigo aseguró que los opositores a Gadafi estaban siendo bombardeados y asesinados a mansalva. Las imágenes que acompañaban el audio del hombre llorando eran de un teléfono celular, de un minuto de duración y mostraba una manifestación de civiles armados protestando. Las imágenes eran repetidas en loop para ilustrar el testimonio del testigo sin nombre. Eso le alcanzaba a la presentadora para dar la noticia de que había bombardeos sobre civiles.

Por su parte, la agencia británica Reuters en un cable del mismo día sin firma ni ciudad de origen, trasmitió el testimonio de un miembro de la tribu Ashraf que dijo: “Esto es peor de lo que pueden imaginar, algo que ningún humano puede concebir. Nos están bombardeando con aviones, nos matan con tanques”. Dicho testimonio no fue corroborado  por Reuters ni ese día ni el siguiente.

El 22 de febrero, media docena de diplomáticos libios pidió asilo a la comunidad internacional y denunciaron a Gadafi por la represión de los manifestantes. Ali Aujali, ex embajador libio en los Estados Unidos, exigió la partida de Gadafi al exilio, en declaraciones a la agencia de noticias Associated Press. En esa misma oportunidad, al-Essawi también pidió la intervención militar de las Naciones Unidas. Otros ex diplomáticos libios como el embajador de Bangladesh, A. H. Elimam, y la comisión diplomática para las Naciones Unidas en pleno, pidieron la dimisión del “tirano” Muhamar Gadafi.

Sus declaraciones estaban en sintonía con las de la Secretaria de Estado yanqui Hillary Clinton, quien ese mismo día había dicho que “esta violencia es inaceptable”, como si hablara en representación de un gobierno pacifista y flower-power, y no de un Estado que 25 años atrás bombardeó la residencia de Gadafi asesinando a una de sus hijas, entre las 60 víctimas libias.

La represión existe

No cabe duda de que el líder libio lanzó una dura represión sobre militares, policías y comandos civiles rebeldes que el 15 de febrero se alzaron en armas contra el gobierno libio. Una gran masa de manifestantes civiles, muchos de ellos jóvenes sin ningún tipo de experiencia militar o militancia política, se vio arrastrada a poner el cuerpo. Libia es un país construido a partir de una alianza de tribus y clanes y tampoco cabe duda que el levantamiento se debe al descontento que ha generado en amplias capas de su población un gobierno de más de 40 años ininterrumpidos y no al efecto narcótico del café instantáneo sobre los jóvenes, como dijo Gadafi.

Esa cruenta represión fue acreditada en distintos momentos por cientos de testigos y víctimas, la prensa internacional y la comunidad diplomática. Sin embargo, la represión no cayó solamente sobre civiles, sino principalmente sobre militares y policías insurrectos que se alzaron en armas, en lo que al parecer intentó ser un golpe de estado. Los esquemas de poder arcaicos dejaron en claro que las tribus del oeste (como la de Gadafi) cuentan con mayores recursos para combatir, especialmente porque la Fuerza Aérea Libia se concentra en Trípoli.

En los primeros días rondaba otro rumor: que bandas de mercenarios extranjeros rondaban las calles de varias ciudades y se asentaban en los techos para disparar a voluntad, elevando la cifra de muertos y heridos a cifras dramáticas. No hay, por el momento, fotos o videos de estas supuestas masacres, denunciadas recurrentemente a corresponsables de agencias y cadenas como CNN y BBC por opositores a Gadafi con buena estrella en los centros de poder.

Pero esto no es lo mismo que un bombardeo. Hasta el momento no se hizo pública ni una sola prueba de estos bombardeos en Trípoli y Benzhari durante los días 20 y 21 de febrero. En You Tube y otros portales de videos pueden encontrarse videos que supuestamente los muestran, pero nuevamente son malas imágenes en loop de helicópteros sobrevolando un cielo que no puede atribuirse a ninguna ciudad en particular.

En todo caso, la supuesta “inconexión” de los periodistas internacionales es el argumento favorito para justificar la falta de precisión en la información comunicada, como si los profesionales de las agencias de todo el mundo no contaran con conexiones satelitales propias. Un reportero gráfico hoy puede transmitir via satélite sus fotos digitales al servidor de su medio desde cualquier parte del mundo y en tiempo real, gracias a equipos de transmisión automáticos que suelen llevar dentro de mochilas. Ni que hiciera falta revelar rollos de celuloide.

Silvio Berlusconi, entonces amigo de Gadafi, se debate entre los
bombardeos y las orgías.
La desinformación –que no llega sólo del frente del conflicto- puede verse en las cifras de víctimas, claro ejemplo de esta nube de datos confusos: el día 23 de febrero, el diario online español 20 Minutos dio una cifra de 800 muertos citando como fuente a la ONU, mientras el gobierno libio comunicaba una cifra cercana a los 300 muertos, 189 civiles y 111 miembros de fuerzas de seguridad o militares.

El 24 de febrero, Reuters comunicaba declaraciones de Francois Zimeray, embajador francés plenipotenciario para Derechos Humanos. “La cuestión no es si Gadafi caerá, sino cuándo y a qué costo humano. Por ahora, las informaciones que tenemos dicen que más de mil (personas) murieron, posiblemente dos mil, de acuerdo a nuestras fuentes.”

El cable, de un párrafo, fue levantado textualmente por medios de todo el mundo sin que la mayoría de los editores le avisara a los lectores que un margen de error del 100% es, al hablar de vidas humanas, demasiado alto como para asignarle validez inmediata sin un correcto chequeo de fuentes.

Al día siguiente, el primer ministro francés Nicolas Sarkozy dijo que la represión en Libia era inadmisible y que Gadafi debía abandonar el país. Junto a él se encontraba el primer ministro turco, Abdulá Gul.

El 9 de marzo Francia fue el primer país en reconocer como gobierno legítimo al Consejo Nacional de Transición, instalado por los opositores en Benghazi, al mismo tiempo que los militares rebeldes perdían los puertos del este. Los cronistas de distintas agencias en el terreno reconocían de forma unánime que las capacidades de combate de los rebeldes eran mínimas e improvisadas, sin estrategia o apoyo militar.
Sarkozy ordenó bombardear Libia el mismo día que
el hijo de Gadafi amenazó con mostrar pruebas de
que su gobierno había financiado la campaña del
actual presidente galo.

Para esa fecha, el CNT contaba un total de víctimas de 400, aunque las cadenas de noticias seguían dando cifras infundadas que se elevaban a los varios miles de víctimas.

En una de sus Reflexiones publicada ese mismo día, Fidel Castro alertó de que  “todas las cifras y versiones, hasta las más inverosímiles, han sido divulgadas por el imperio a través de los medios masivos, sembrando el caos y la desinformación.” Para el líder de la revolución cubana, esta maniobra desinformativa, esta "danza macabra del cinismo" prepara el terreno para una intervención militar de los Estados Unidos.

El vuelo de los arrepentidos

Reuters insistió desde el 20 de febrero con la noticia falsa de los bombardeos. Por la mañana del 23, un cable de esa agencia británica decía que un avión de la fuerza aérea libia se había estrellado al este de Benghazi luego de que sus dos pilotos se eyectaran y salvaran su vida. Esta vez constaba la ciudad de origen de la información, la fuente (el diario Quryna) y la firma del reportero, el redactor y el editor. Ese mismo día pero más tarde Reuters también informó que dos días antes, el 21 de febrero, otros dos pilotos libios habían desobedecido órdenes de bombardear civiles y siguieron rumbo a la isla de Malta, donde se presentaron como coroneles de la Fuerza Aérea Libia y pidieron asilo político.
Esta información fue también dada por la agencia francesa AFP, aunque nunca se informó la identidad de estos oficiales, ni se los entrevistó o fotografió. El diario inglés The Telegraph ilustró la noticia con dos imágenes de archivo de aviones de ese modelo.

Las bombas que no explotan

Kim Sengupta, corresponsal del diario británico The Independent, publicaba el 9 de marzo en Página/12: “El uso de aviones de guerra por el régimen se ha convertido en una tema altamente emotivo, pero contrariamente a lo que afirman algunos en el movimiento de protesta, hay poca evidencia que demuestre que los civiles son deliberadamente un objetivo. Todos los ataques con bombas y misiles –con la excepción de uno cerca de los departamentos en Ras Lanuf– fueron apuntados a lugares alejados de grandes reuniones”.

Desde que se anunciaron los falsos bombardeos civiles que no fueron probados con ningún tipo de evidencia visual, se sucedieron, sí, varios bombardeos tácticos que, a diferencia de aquellos,  fueron fotografiados y filmados por los cronistas. La cifra casi mínima de víctimas en estos casos es reconocida por las agencias de forma unánime.
Resultó llamativo que en las bombas no explotaran o que lo hicieran después de una pasada rasante del avión para darle tiempo a las personas presentes a alejarse. En casi todos los casos los blancos fueron arsenales -depósitos de armas y municiones- o instalaciones petroquímicas, y el objetivo obvio que no cayeran en manos de los insurrectos. “Las tácticas usadas por el régimen no quedan claras. Si el poder aéreo es usado puramente como un arma psicológica entonces está haciendo efecto –los pone muy nerviosos a los rebeldes”, dice Sengupta en la crónica citada.

La cabeza del secretario
En Inglaterra, el chivo expiatorio de la crisis libia es William Hague, secretario de asuntos exteriores. El 21 de febrero Hague manifestó públicamente que Gadafi estaba en Venezuela. “Sobre si Gadafi está en Venezuela, no tengo información que diga que está, aunque vi alguna información que sugiere que está viajando a Venezuela”. Rápidamente tuvo que retractarse de sus ambiguas palabras, al ser refutado tanto por los cancilleres libio y venezolano como por el propio Gadafi, quien hizo una breve aparición en la TV estatal libia.

Sin embargo, la noticia que más ruido causó en las islas británicas fue otra. El 6 de marzo la BBC dio una noticia que lastimó el orgullo belicista de buena parte de la población: Un grupo de seis comandos de las fuerzas especiales SAS y dos espías de MI6 fue arrestado por las fuerzas rebeldes libias en plena misión incursión tras las líneas enemigas. El corresponsal Jon Leyne narró en su crónica de ese día que varios testigos vieron a los británicos descender de un helicóptero en las cercanías de Benghazi el viernes 4 de marzo por la noche. Vestían overoles negros y llevaban armas. Los dueños de la granja donde aterrizaron les apuntaron rápidamente, y en pocos minutos se encontraban rodeados por fuerzas rebeldes. Uno de los miembros del equipo inglés explicó a un vocero rebelde que eran embajadores del Reino Unido que buscaban aliarse a ellos. Esa explicación fue filmada y luego difundida por la TV pública libia para el bochorno de los ingleses, tan adeptos al secretismo y la discreción.
El ex primer ministro inglés, Gordon Brown, con Gadafi.
Luego se supo que al ser revisados por los rebeldes, se les encontraron armas, explosivos, municiones, mapas y pasaportes de al menos cuatro países. El Ministerio de Defensa inglés dijo en un comunicado que “no confirma ni niega la historia y no hace comentarios respecto a las fuerzas especiales”.

El fiasco ha repercutido en todos los estratos de la política británica al dejar claro que hay intereses espurios del Reino Unido tras las revueltas en Libia. El poder ejecutivo de Downing Street, los diplomáticos del Foreign Office y los militares se echan el muerto unos a otros, con tal de no asumir responsabilidad de un hecho que, todos coinciden, nunca debió hacerse público. Y es que hasta un niño inglés sabe que James Bond no sale en la tapa de los diarios cuando algo le sale mal.

El primer ministro David Cameron ratificó a Hague en su cargo y lo defendió de los pedidos de renuncia de los laboristas, al decir que ellos no tenían derecho a hablar luego de haber mantenido buenas relaciones con el régimen y haber liberado a un libio acusado del atentado de Lockerbie de 1986. No faltó la prensa adicta que defendiera a Cameron y su administración, al decir que la culpa fue de los rebeldes libios, que se perdieron una buena oportunidad de ser invadidos por una fuerza aliada.

Siesta en Trípoli

Según informó la Agencia Venezolana de Noticias AVN, una misión técnica de la UE, enviada especialmente por la jefa de la diplomacia europea Catherine Ashton, no pudo corroborar la existencia de combates ni signos de bombardeos en la capital.

El 7 de marzo pasado Agostino Miozzo, mano derecha de Ashton, hizo declaraciones a la agencia EUOBSERVER desde la embajada italiana en Trípoli: “La situación es relativamente calma, tranquila. No hay tiroteos durante la noche. El tráfico es calmo y hay gente en las calles. El único signo de crisis se puede ver en el aeropuerto, donde están varados entre 2 y 3 mil africanos que buscan regresar a sus países”.

Según comunicaron a la prensa los emisarios de la Unión Europea, la visita transcurrió sin incidentes ni amenazas por parte del gobierno libio. La Agencia Venezolana de Noticias y la agencia argentina Télam fueron algunas de las pocas que comunicaron estos despachos, obviados por muchos multimedios y periódicos alineados con Washington.

Maurizio Matteuzzi, de la agencia Voltaire, también describió la situación en Trípoli como tranquila. Lo mismo que dijera el 24 de febrero el corresponsal de TeleSur, Jordán Rodríguez, luego de hacer una cobertura especial mostrando que la ciudad no había sido bombardeada. "Ayer dimos varias vueltas por la plaza Verde, zona comercial y no hay rastros de ningún bombardeo, no hay imágenes que registren nada de lo que algunos medios internacionales informaron. No hay ni un ápice, ni una muestra que diga que hubo bombardeo por lo menos en la ciudad de Trípoli, donde se encuentraba el equipo de  teleSUR.

Rodríguez manifestó, el 2 de marzo, que la cobertura de los grandes medios “ha sido miserable”. “Dicen que la gente de Gaddafi limpió los restos, pero los bombardeos destruyen edificios, ventanas. ¿Dónde están esas imágenes?", se pregunta el enviado especial de TeleSur.

Para finalizar su impresión sobre la situación libia, Rodríguez deja en claro que de ambos lados del conflicto saben cuál es el riesgo mayor, y es el mismo que queda en evidencia al analizar la desinformación amplificada por los medios imperiales: “Hay una gran división entre la población (…) pero todos coinciden en que no quieren que su país se divida, ni que los invada Estados Unidos”.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Acá podés dejar tu impresión de este post. Sólo te pido que lo hagas de la manera más civilizada posible. Siempre es mejor identificarse que firmar como Anónimo: la idea de dejar comentarios es participar de un debate.