Me lo quedé mirando, mientras miraba la tomografía computada,
un chantaje que en teoría muestra cortes longitudinales y transversales de mi
cabeza en una serie de diapositivas de claroscuros macabros.
Con una birome iba señalando las manchas.
Acá tenés
carne, acá. Acá también. Te vamos a meter una camarita por la nariz, y con una
pinza vamos a arrancarte esos pedazos.-
Me imaginaba una cámara por mi nariz. ¿Tienen que abrirme
mucho los agujeros de la nariz? ¿La pinza entra al mismo tiempo que la
camarita? ¿Cabe algo más que un dedo, en mi nariz?
Acá tenés
el hueso torcido, y te complica la entrada de aire. Vamos a enderezártelo
también, ya que estamos.
¿Si me endereza la nariz, puedo boxear sin correr el riesgo
de que un cross me la deje como estaba?
Cuando
termine la operación, te vas a ir a casa con una venda. Te vas a ir respirando
mejor. A los dos días vuelvo a verte, y seguramente vas a estar mucho mejor.
¿Doctor, es verdad que después de la operación voy a tener
que respirar por dos tubitos?
No, ya no
usamos los tubitos. A vos te vamos a meter una silicona nueva que es una
barbaridad.
Qué fácil que es todo para los doctores.
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