miércoles, 16 de junio de 2010

Cómo me convencieron de operarme la nariz

No vas a morirte de esto - me dijo el doctor. Acá tenés dos pelotas de carne que no te dejan respirar.
Me lo quedé mirando, mientras miraba la tomografía computada, un chantaje que en teoría muestra cortes longitudinales y transversales de mi cabeza en una serie de diapositivas de claroscuros macabros.
Con una birome iba señalando las manchas.

Acá tenés carne, acá. Acá también. Te vamos a meter una camarita por la nariz, y con una pinza vamos a arrancarte esos pedazos.-

Me imaginaba una cámara por mi nariz. ¿Tienen que abrirme mucho los agujeros de la nariz? ¿La pinza entra al mismo tiempo que la camarita? ¿Cabe algo más que un dedo, en mi nariz?
Acá tenés el hueso torcido, y te complica la entrada de aire. Vamos a enderezártelo también, ya que estamos.

¿Si me endereza la nariz, puedo boxear sin correr el riesgo de que un cross me la deje como estaba?
Cuando termine la operación, te vas a ir a casa con una venda. Te vas a ir respirando mejor. A los dos días vuelvo a verte, y seguramente vas a estar mucho mejor.

¿Doctor, es verdad que después de la operación voy a tener que respirar por dos tubitos?
No, ya no usamos los tubitos. A vos te vamos a meter una silicona nueva que es una barbaridad.

Qué fácil que es todo para los doctores.

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