lunes, 19 de abril de 2010

Razones para odiar a Palermo

En este artículo publicado en Planeta Joy, se dan diez razones para odiar a Palermo. Así como Sabina quiere dar más de diez motivos para no cortarse las venas, y termina dando 100, prefiero no hacerme tan amigo de los números primos y dar algunas razones para no salir más por cierta zona del barrio más grande.

Coincide mi lectura del artículo de Planeta Joy con una serie de salidas que he estado teniendo. El viernes, por ejemplo, salí por San Cristóbal. Primero comí en el Bar de Cao, uno de los bares notables de la Ciudad, excelente comida (vasta tortilla a la española, sánguche de pavita y ananá) y cerveza artesanal por menos de 40 pesos por cabeza. Después fui a una fiesta en ZAS, Moreno 2320, donde tocaron La Cosa Mostra y Miss Bolivia, más un show Punchy Coiffeur (te cortan las chapas en vivo) y música by Dj Lima. Los nombres indican el delirio que reinaba. La entrada salía 12 pesos, pero como veníamos de caravana y llegamos cerca de las 2, entramos sin pagar. En un lugar tan bizarro uno de ríe hasta del color de los techos, y terminamos acodados en una barra de bebidas cuyos módicos precios estaban pintados en la pared, como grafittis de penitenciaría.

El sábado, en cambio, fuimos a Palermo Moscú, a un bar petitero (El Dui Dui) regenteado por una banda de rusos y frecuentado por una ola de éstos que se ve que andan de paso. Había, también, muchas inglesas solas o acompañadas, la mayoría de regreso (Bridget Jones via Ezeiza), todas súper coquetas, todas cero rockandroll, señoras gordas que todavía no se enteraron y que cuando lo hagan le darán al puddin de las 6´o´clock a como dé lugar. Y qué decir de la música: sintonizaron For Men Channel y VH1 Bizarro y lo dejaron ahí. Lo peor es que los muchachos, enormes modelos de arios razgos que Calvin Clein hubiera usado para mostrar su colección otoño-invierno 1942 de uniformes de la SS, no paraban de tomar daiquiris. En fin: distinta hubiera sido la cosa, si en la entrada un ruso te entregara una careta de extrangero.

La semana pasada, el Negro Dolina se refirió (al comienzo de su programa) a los restaurantes palermitanos. Les dio con un palazo, y con razón. Siempre nos queda, sin embargo, el boliche de los gallegos de Honduras y Bonpland, donde el sánguche de crudo y queso está entre los mejores de la ciudad por unos mangos.

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