viernes 11 de diciembre de 2009

De cuando rochos y ratis afanaban juntos

Nos van a matar a todos. Es lo que dicen muchos de los consultados sobre la inseguridad a las cámaras de TV, todos los días. Sean o no víctimas de la violencia.
Cada vez hay, sin embargo, menos segundos de aire para especialistas en delincuencia. ¿Se extinguieron los delincuentes, los chorros? ¿Fueron reemplazados por la inseguridad? A veces da la impresión de que fuera así: de que antes había chorros, y ahora hay inseguridad.
Hace poco leí la denuncia de un oficial de policía en un diario, donde decía que muchos pibes laburaban para la bonaerense a cambio de dosis de paco. Que les liberaban zonas para que salieran a afanar. En los últimos años, alguna que otra purga - tanto entre patanegras como federicos - tuvo por fin cortar lazos entre esas fuerzas y los desarmaderos de autos. Y sin ir más lejos, el Fino Palacios fue echado de la fuerza cuando la SIDE lo escrachó cuando llamó a un reducidor de autos para comprar una camioneta robada. Eran viejos amigos.
Este libro aviva a los giles que piensan que "antes no pasaban estas cosas". Minga, antes sí que pasaban. Y - digo, de pronto, me parece - antes la sociedad tenía menos poder que hoy para llevar a la justicia a los asesinos amparados por las instituciones.
Si no me creen, lean este libro de Canaletti y Barbano cuya tapa ilustra este post. Se llama "Todos mataron" y cuenta la historia del germen de la Triple A de López Rega, 15 años antes de que El Brujo fuera el hombre poderoso del tercer peronismo. El libro cuenta la historia de Morales, Almirón y Farqhuason antes de ser custodios de Isabel Martínez, cuando eran policías corruptos de la división Robos y Hurtos ("errehache") y manejaban una banda de mejicanos que robaban cargamentos a contrabandistas como Villita o El Turco SImón.
El libro chorrea más sangre que un churrasco vuelta y vuelta, y por momentos está bien escrito. El título que le eligieron es horrible, y recuerda la saga de títulos horribles que eligió el Tata Yofré para su saga: "Nadie fue", "Fuimos todos", "Fuimos algunos" y - de próxima salida, "No fuimos ningunos".
Sin embargo, y a pesar del intencionado gorilismo de la tapa, el libro es atrapante. Basta leerlo para ver que antes - con o sin dictadura - también ocurrían crímenes horrendos, justificados por guita y motivaciones personales. Vendettas y ajustes de cuentas sobran en las páginas de esta ¿novela? que se lee como si fuera resultado de las confesiones de alguno de los que quedaron vivos de esa banda. ¿Podrá ser? No es una investigación periodística, por el estilo con el que está escrito. Y tampoco es una novela de ficción, porque relata hechos reales que conmovieron al país allá por los 60`s. ¿Entonces? ¿Será que la gran cantidad de detalles fue contada a sus autores por algún protagonista de los hechos, a cambio de un paso benébolo - sino desapercibido - a la historia?
Si Morales murió, Almirón también. ¿Quién quedó? El único vivo de esa banda actualmente descansa tranquilo en su casa del barrio de San Cristóbal, mientras la causa AAA duerme en un cajón gracias a que el Juez está muy ocupado con el Macrigate. La película documental que Telefé mandó a hacer a Cuatro Cabezas también duerme en un cajón, ya que después de casi cuatro años sigue inédita. El poli que conoce la historia con el lujo de detalles que estos periodistas de Clarín escribieron en sus páginas, no aparece en la historia que narra el libro. A pesar de que aparece en la tapa, paradito entre Morales y Almirón.

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