miércoles, 4 de noviembre de 2009

Carta de adiós de un desenchufado

Lo manda Mondo, quien enchufado nos garantizaba ese desenchufe que implica imprimir, entregar, y salir. Mondo maneja hace años Mondo Kronhela, un sitio de literatura argentina contemporánea.


Hola a todos:

Hace un rato estaba en el único lugar donde el ser humano es feliz mirando las letras extrañas que publica el gran diario argentino. Aburrido de paladear tanta palabra obsoleta, de sentir cómo las empresas periodísticas buscan empleados para repartir diarios en el día del canillita, llegué a la página 44. Ahí, abajo, sola, me esperaba una opinión de Marcelo Moreno que vomitaba lo conectados que estábamos, lo dependiente, lo solos. Leí rápido, cerré el pasquín y terminé la tarea.

A la hora, volví a pasar y abajo del botiquín encontré mis dos celulares que había dejado. Sobre el borde del bidé, el diario vencido, cada vez más obsoleto. La era del silicio en mi propio baño.

La historia continúa con una relectura del artículo, despacio, pero tratando de decirme cuántas veces hice lo que se publica; tratando de entender el tonelaje de situaciones en las cuales me vi acelerado frente a una pantalla moviendo el pié descontrolado pidiendo que se abra el correo. Que tengo celular... hace casi 10 años, siempre con el mismo número, pero hace uno y medio agregué otro sólo para contactos nuevos laborales. Cuentas de correo tengo una desde el año 1998, siempre la misma pero nunca se la di a nadie, pero tengo varias más públicas. Llegué a dejar prendido el celular a la noche por si alguna persona tan insomne como yo se le ocurre encontrar un motivo para compartir su falta de ovejitas saltarinas. Y así la lista de dependencia continúa.

Salir a la calle sin celular es como salir desnudo, algo me (nos) falta. El Messenger y el Yahoo! Messenger es una parte de nuestra alma. Lo curioso es que cuanto más tecnológico estoy, más solo me siento. Los sms dan la impunidad de no respetar horarios y nos dan la obligación de responderlos para que el otro no se enoje. Asumimos que un mensajito monocorde enviado va a ser recibido sí o sí por la otra persona y, a veces, eso nos da el alivio mágico de decir “yo te avisé” el mensaje llegó y como salió del pequeño tiranito seguro que debió llegar.

El pequeño tirano, antes era el reloj, ahora el celular. Antes llevábamos reloj en la muñeca, ahora mi Casio está tirado por ahí, lo cambié por las manos de Nokia. Antes me llamaban a mi casa, ahora me rastrean permanentemente. Antes se hablaba cara a cara, ahora somos emoticones.

En fin, todo estas palabras sirven para avisar que desde el lunes 2 de noviembre y por una semana no voy a usar celular, voy a tratar de sobrevivir “como era antes”. Pero esto no quiere decir que me aisle, frase noventosa, sino que trataré de encontrar el foco. Como todos saben en que empresa trabajo y mi horario, no van a tener problemas de llamarme ahí. Mis amigos tienen el número de casa, así que todo bien con todos. El tema de la mensajería instantánea será más complicado porque voy a acortar los horarios de conexión. El correo, lo voy a ver a lo sumo dos veces al día -sí, es una locura- una a la mañana y otra a la noche, con esto cubro cualquier contacto laboral que pueda surgir.

Bueno, espero que se haya entendido el concepto, les mando un saludo a todos y la pregunta que flota en el aire del papel virtual es saber si ustedes podrán vivir con esto :-)

Mondo


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Del libro "Tito Berretta, manosanta en Venecia", de Mondi Le Mond
Ginger Zarppa corría por la ciudadela presurosa, iba como loca chiflando la marchita peronista. Al llegar a la avda. Rivadavia vio un cartel que decía Empanadas Urrutia, las que come el general y como le picaba el bagre se dijo para sus adentros Má sí, yo me clavo una de nerca. Y fue feliz, realmente...

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