Dominique Peltier tiene 23 años, está más buena que comer dulce de leche con los dedos y tiene todo lo que una chica necesita para ser la más linda del mundo. Dice que todo lo que hace es en memoria de su madre recientemente fallecida. Dice que todavía no encontró a su príncipe azul y que le gustaría que fuera petiso, barbudo y periodista, preferentemente argentino, más bien porteño.
A mí me parece excelente. Quizás le vendría bien una pizca de criollidad, porque se nota que ninguno de sus padres es indígena. Para que sea un poco más representativa de la belleza de sus compatriotas. Pero no me quejo. Cómo hacerlo. ¡Fuerza Dominique! ¡Y aguante la rEVOlución Democrática y Cultural!
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