¿Cómo se entiende? IMPA, una fábrica recuperada por sus obreros en 1997 logra seguir funcionando luego de que sus dueños originales la fundieran. A pesar de no contar con el apoyo de políticas públicas que ayuden a consolidar estas experiencias, hoy nuclea a 63 trabajadores y funciona como sede de numerosas actividades culturales. Unos 150 alumnos estudian en el Bachillerato para Adultos gratuito con título oficial que conduce la Cooperativa de Educadores Populares; en sus instalaciones funciona un Centro de Salud gratuito que brinda servicios a los vecinos del barrio de Almagro, y cientos de jóvenes participan en el Centro Cultural.
Un juez prefiere destruir todo esto y deoir la ley votada por unaminidad en la Legislatura porteña hace menos de un año. Dicen los dirigentes de IMPA que el juez está entongado con los dueños originales de la fábrica, y que le darían una buena tajada de la venta del inmueble a cambio de que él haga el trabajo sucio. Una vez más, la Justicia como garantía de todo tipo de injusticias.
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