Argentina limita con Chile, hacia el Oeste, y con Uruguay hacia el Este. "Estamos en medio de los dos", podría decir un agrimensor. En lo que respecta a un tema tan espinozo como la salud reproductiva, podría decirse que sí, estamos entre Chile y Uruguay.
La Reina Cristina lo dijo: "Estoy en contra del aborto". Como si alguien estuviera a favor del aborto mismo. Por omisión, podemos entender que Cristina no está a favor de la despenalización del aborto, proceso quirúrgico que según las leyes argentinas merece penas de prisión tanto para la madre en cuestión como para el médico (o curandero) que aplicara sus conocimientos a éstos efectos.
Esto significa que la presidenta electa no tiene previsto solucionar un problemón que padece el país: cada año, se practican entre 500 y 600 mil abortos, casi uno por cada nacimiento. Vale decir, también, que el 35% de las muertes maternas se deben a complicaciones casuadas por un aborto. Cristina no va a hacer nada.
En Uruguay la discusión por la despenalización del aborto quedó truncada cuando el Senado votara en contra. En realidad, sólo media Cámara Alta (el bloque del conservador y cipayo Partido Nacional) votó en contra. La otra mitad del Senado, alineado con el Frente Amplio, votó a favor. Quince contra quince. Un sólo senador destrabó el tratamiento de esta ley eligiendo por la abstención.
Chile, por su parte, está haciendo gala del conservadurismo hipócrita absorvido en 17 años de dictadura pinochetista. A pesar de que más de 3000 chicas por año sufren embarazos no deseados, las cadenas de farmacias están haciendo boicot a una disposición del Ministerio de Salud, que autoriza la venta de la pastilla "del día después", que sirve para interrumpir un posible embarazo no deseado hasta 48 horas después de haber tenido sexo sin protección.
Esta pastilla (que en Argentina se vende hace rato y que salvó a muchísimas chicas) debería ser entregada en los hospitales públicos a cualquier chica mayor de 14 años que la requiriese, aunque no llevara consigo un permiso firmado por sus padres.
Los grupos ultra católicos, los conservadores, los militares, los fascistas y los nazis, todos salieron a decir que Bachelet se convirtió en Hugo Chávez por tomar esta medida. Por su parte, la presidenta tuvo que firmar un Decreto Supremo para que esta medida sea acatada.
Las cadenas de farmacias recibieron multas de hasta 70 mil dólares, pero les valió para recibir el apoyo del Papa Benedicto XVI, que dijo que no hay que hacer cosas que dañen la vida. Lo hizo en la misma semana en la que el Vaticano sacó a la venta las actas de secuestro, tortura y asesinato de los miembros de la Orden de los Templarios.
La Presidenta argentina, que tanto admira a los Estados Unidos de Norteamérica y que tanto se reúne con el Comité Judío, debería saber que el país del norte legalizó hace rato el aborto quirúrgico, ahorrándole a las mujeres que habitan su suelo muchísimo sufrimiento y ahorrándole muchísimos riesgos. También podrían informarle que la religión judía contempla el aborto si la mujer no está casada, si no tiene dinero para traer un niño al mundo, o si está enferma y corre riesgo su propia vida.
Esperemos que toda Latinoamérica pueda librarse de la hipocrecía de sus clases dirigentes, que no se cansan de dar discursos europeos a problemas del tercer mundo, que en Europa no tienen hace mucho tiempo.
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